martes, 9 de abril de 2013

"prêt-à-coïter"



Una amplia gama de opciones y coloridos se desplegó ante mis ojos justo cuando terminé de abrir mi cuenta en una de esos sitios web destinados para las citas. De la enorme selección de sitios web con nombres parecidos a "man-tramp", elegí el que se veía más serio de todos.

Después de llenar un cuestionario de preguntas invasivas que incluía temas como lugar de vivienda, edad, color de ojos, color de piel, estatura, peso, raza, cantidad de vello corporal, complexión, descripción "del pipí", tatuajes, perforaciones, rol sexual, fetiches, preferencias, uso de sustancias, uso de preservativo y hobbies entre algunas otras; tuve la opción de subir una fotografía. Al sentirme incomodado por tanta pregunta, decidí subir mi foto en otra ocasión y me dispuse a explorar aquel sitio tan socorrido por algunos de mis amigos.

La página era como el menú de un bar de testosterona, calentura y sensualidad. Las posibilidades eran infinitas y llenas de folklor. Al igual que en una barra de ensaladas, bastaba con seleccionar los ingredientes que uno apetecía para su platillo, así como las guarniciones. Había algo excitante en el hecho de elegir un hombre de la misma manera en la que uno va a Zara a buscar una camisa roja talla S entallada de la cintura: era la elección de un hombre a la medida. Después de seleccionar algunas opciones, obtuve una lista enorme con perfiles.

Me resultó sumamente divertido ver el catálogo. Por un momento me sentí como el jefe de recursos humanos de una gran empresa leyendo cartas de presentación y CVs. Algunos buscaban marido, mientras que otros muy honestos sólo buscaban sexo. Había quien especificaba que no era cualquier tipo de pareja sexual la que buscaba, sino que lo que quería era un esclavo. Eramos todos productos de venta, mercancía buscando mercancía.

De repente una alarma me indicó la recepción de un mensaje nuevo escrito por el usuario 67muscXXX que decía "What's up, got any pictures?".  Como no me dio buena espina el hombrecito que escribía, decidí divertirme respondiendole "I am self-conscious, I don't have a nice body, but I  can perform in bed like a beast", a lo que respondió "aww sorry!" y no volvío a contactarme.

No voy a negar que he hecho un par de buenos amigos a partir de estas páginas y que en contadas ocasiones he contactado hombres en mis layovers en Londres y Berlín para apagar algunos fuegos que no podían ser aquietados por la vía manual. Estos catálogos virtuales cumplen una función social de cierta relevancia. Como diría Haruki Murakami en alguna de sus novelas, son "quitanieves emocionales".

Estos inventos que permiten encontrar hombres a la demanda desde la comodidad de nuestros teléfonos móviles son prácticos y bastante creativos. Tengo en el móvil una aplicación que rastrea a todos los hombres dispuestos a tener un rapidín en la cercanía. En alguna ocasión mientras esperaba en el Aeropuerto de Barcelona junto con mis compañeros tripulantes a que llegara el avión que operaríamos de regreso. Caminé por las tiendas de artículos libres de impuestos para ver si después de tantos años de ver pefumes y adaptadores de corriente por casualidad se les había ocurrido introducir alguna novedad como ropa interior (seguramente sería un gran negocio), sin embargo me conformé con recibir un cartón con la última fragancia de no recuerdo quien que olía muy parecdia a otra bien diferente que me habían ofrecido en el aeropuerto de Gatwick. Aburrido, me decidí a comprar acceso al WiFi y para romper la ordinariedad entré a la aplicación antes mencionada.

Parecíamos mayoría en la terminal: varios tripulantes de otras compañías estaban conectados. El primer oficial de mi vuelo, con esposa e hijos, estaba conectado también. Éramos una red de tráfico de calentura encubierta por la invisibilidad de las ondas de telecomunicaciones . Así, en un juego de miradas, palabras mudas y mensajes, resultaba sumamente fácil tener un encuentro casual y carente de significado. Una facilidad tecnológica que sin duda entorpecería nuestro radar innato.
  
Encontrar una pareja a la medida mediante el uso de la tecnología puede llegar a ser muy divertido si se toman las precauciones necesarias, el problema surge ante "cosificación" a la que voluntariamente nos exponemos constantemente. Nos transformamos en un bien de consumo, en un objeto de catálogo que tiene un número de serie. Es entonces que se nubla la frontera entre lo que nos enciende el boiler y lo que queremos para la vida. Confundimos al cachondo que modela ropa interior con el hombre con el que queremos compartir nuestras vidas. Es así como no sólo construimos un ideal de pareja, sino que construimos un ideal de pareja basado en una creencia que respalda las apariencias y que es pobre en contenido. Sin cuidado y consciencia, una diversión puede convertirse en la edificación de una cultura de soledad.

Cerré la sesión de mi cuenta de "man-tramp" tras encontrar nada divertido. No estaba abrumado, sólo aburrido y buscando en el lugar equivocado ¿Estaría ya viejo para estas cosas?¿Me estaría volvidendo amargado ?¿Serían los horarios de tripulante de cabina los que me estaba orillando a esto? Revisé que mi equipaje esruviera completo, puse mis identificaciones a la vista sobre la mesa de manera que no se me olvidaran temprano por la mañana y saqué un uniforme limpio. Me dispuse a dormir para empezar el día siguiente con un trayecto a Roma y terminar ocho horas después en Corfú.        

domingo, 31 de marzo de 2013

El otro

Insomnio -- Remedios Varo

"Ama y haz lo que quieras. 
Si callas, callarás con amor; 
si gritas, gritarás con amor; 
si corriges, corregirás con amor; 
si perdonas, perdonarás con amor. 
Si tienes el amor arraigado en ti, 
ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos"
Agustín de Hipona


Hay días como hoy en los que me siento triste. Más bien, hay días en los que me siento ciertamente solo. Creo que está en mi naturaleza el estar solo la mayor parte del tiempo, disfruto del silencio y de los paseos meditativos por el centro de Atenas. Me gusta escuchar mi pensamiento y me gusta echar a andar las fantasías para ver si surgen ideas fértiles. Así es, disfruto de pasar el tiempo conmigo, pero me gusta pasar el tiempo con la gente por igual. Los seres humanos somos gregarios por naturaleza, pero habemos algunos que sólo necesitamos de la compañía de unos cuantos, mientras que otros requieren de un grupo muy grande, en el fondo, todas las personas tenemos esa necesidad del otro para poder ser.

Hoy es uno de esos días en los que siento que me falta el otro. Después de alrededor de 10 horas de estar en uniforme, llego a mi apartamento por la noche para encontrarme con un desierto de silencio.  Me dispongo a dormir, pero sólo doy vueltas en la cama y pienso, pienso en el día, pienso en mañana, pienso en el otro. ¿Quién es? ¿Dónde está? Abrazo la almohada esperando que me abrace de regreso. No lo hace. Sigo pensando. Tengo amigos y me tengo a mi. Siempre me he tenido a mi, aun cuando no tenía amigos, aun cuando Atenas era una ciudad nueva llena de rostros desconocidos. ¿Qué ocurría hoy? ¿Serían la fatiga del día y el aburrimiento de estar en casa que me conducían a esta desolación? ¿Sería que pasar demasiado tiempo lejos de casa evidenciaba una soledad latente? Siempre había tenido suficiente con mi propia compañía, incluso estando lejos de mi familia ¿Qué ocurría hoy? Hace calor y doy vueltas en la cama. No se cuanto tiempo llevo haciéndolo, pero me doy cuenta de que mi cama está deshecha en la oscuridad. Enciendo la luz y arreglo las sábanas. Me paseo por el apartamento en silencio.

 Miro el reloj, son las dos de la mañana. Estoy en la reserva y como no me han llegado mensajes, muy probablemente no tenga que volar mañana. Generalmente avisan con anticipación. Me invade la desesperación de tener poco en qué ocuparme al día siguiente. Siempre me había bastado mi propia compañía. ¿Qué pasaba ahora? Voy a la cocina y tomo un vaso de agua. Regreso a la cama y abrazo la almohada sin esperanza alguna. Pienso en la cantidad de gente que transcurre por la vida. Nunca habíamos sido tantos y sin embargo nunca habíamos estado tan poco conectados unos con otros. Esa era la herida: el anhelo de conexión con el otro, el deseo de establecer ese vínculo especial que te sorprende haciendo cosas de las que no te creías capaz, la búsqueda de un compromiso tan dinámico como la vida misma.

Tanta gente transita por la vida, tanta gente camina alrededor de uno y pocos nos atrevemos a seguirle el paso a otro. Hoy me pega este hecho. Uno va por la vida sin percatarse de que frente a uno se cruza una multitud de personas amables: todos ellos son el otro. Me descubro en la cama porque siento mucho calor y vuelvo al baño. Me miro en el espejo "todos ellos son el otro" me repito. Camino por el pasillo y me siento en el salón unos minutos, vuelvo a la cama, me tumbo y veo la hora: las dos y media.      

Hoy es uno de esos días en los que me siento solo, pero no me gusta sentirme víctima de las circunstancias. Si todos ellos son el otro y todos ellos son amables, entonces es necesario tener los ojos los suficientemente abiertos. El otro está ahí, el otro ha pasado frente a mí en innumerables ocasiones, he hablado con él y me ha hecho clara su intención de abrirme su corazón, yo por otro lado, distraído por mi estilo de vida y sumergido en mis paradigmas no lo veo, sonrío como sonríe uno de manera automática cuando da las gracias a la mujer que atiende un expendio de café sin consciencia alguna. Recuerdo de golpe que dejé el teléfono apagado desde el aeropuerto y que probablemente me han contactado de la reserva. Busco a tientas el teléfono en la mesa de noche y lo enciendo, tengo un mensaje de la compañía. Volaría a Tel Aviv a las 10:40 de la noche del día siguiente. Miro el reloj de nuevo, son las 3:20 de la mañana y hace un calor infernal. Maldigo en la oscuridad el hecho de que durante las reservas, es mucho más evidente que nuestra alma le pertenece a la compañía.

Cierro los ojos y me decido a no dormir más, sino tan sólo a descansar la mente. ¡Cuántas oportunidades perdidas! ¡Cuántos hombres amables que dejo pasar! Cuántos corazones fértiles que pasan frente a mi, sedientos de compromiso, ávidos de amor, cuántos corazones distraídos y anestesiados como el mío. ¿Podré reconocerlo cuando pase frente a mí la próxima vez? ¿Estará preparado para verme? ¿Me buscará?

Derrepente disminuye el momento de mis pensamientos, la noche parece serenarse, no hay coches en la calle, impera el silencio, mi habitación pareciera una isla en medio del mar, no estoy solo, estoy conmigo, quiero al otro, pero quién es el otro, "todos ellos son el otro" me respondo con más calma, "basta con dar amor". Pienso en la suave calma de la madrugada  "¿Quién es ese que no necesita el amor de nadie... ... ...?"

...

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jueves, 21 de marzo de 2013

domingo, 17 de marzo de 2013

Historias y reflexiones sobre el lugar donde guardo mi ropa.

Todos vivimos en una jaula: a veces es oscura como un armario y a veces es de oro




¿Qué tan grande es tu armario?¿A quién le das acceso a tu vida íntima?




¿Eres feliz en el espacio que te puso la vida?¿Puedes buscar otro espacio en el que seas más feliz?






Hay días que recuerdo bien y otros que no tanto. De ese día recuerdo pocos detalles, recuerdo que desperté temprano y que hacía mucho frío. Seguramente era una típica mañana de enero en la Ciudad de México. De esas que tienen un sol radiante que no calienta. Me dirigí a la universidad como cualquier día e hice mis labores correspondientes, regresé a casa por la tarde para comer, terminé mis pendientes, salí del armario con mis padres, leí un poco y me fui a dormir.

Nunca me gustó el ambiente que había en la licenciatura que hice. La palabrería era un fenómeno que reinaba el ámbito académico. Tanto mis compañeros como profesores se bombardeaban entre ellos con terminología y jerga para impresionarse los unos a los otros, pero tengo la impresión, si es que no es la certeza, de que ninguno de ellos comprendía lo que estaba diciendo. Por lo general añoraba regresar a mi casa para comer y trabajar en mis tareas. Siempre tenía que leer mucho.  Había cosas muy interesantes, pero también había mucha mierda metida en la selección de mis profesores. Después tenía que escribir y hacer algunos reportes.

Ese día mi madre me preguntó que por qué no salía con la hija de una de sus amigas de la comunidad griega. Tenía ya unos meses insistiendo con lo mismo y repitiendo que me veía muy solo. En este día de enero con mañana soleada pero fría no pude evadir más la pregunta. "Porque me gustan los hombres", respondí malhumorado. Mi madre me pidió que no fuera grosero, que dejara de ser tan irónico con ella y que hablara en serio. Repetí mi respuesta, esta vez con solemnidad. No pude evitar que se me escurriera una lágrima. Reinó el silencio por unos cinco minutos. Mi mamá me observaba confundida y yo me llené de miedo, pensaba que me iba a echar de la casa. "¿Cómo, te quieres volver mujer?" me preguntó confundida mientras nos adentrabamos en el silencio.

Me levanté de la silla y la llevé al salón donde le expliqué la situación. Ella se quedó callada un rato viendo el suelo y dijo "a mi me enseñaron siempre desde niña que a los hombres les gustan las mujeres y a las mujeres les gustan los hombres". Se levantó del asiento para completar la frase "voy a comprenderte porque eres mi hijo querido, pero debes entender que tengo que deshacer muchas estructuras en mi cabeza y me va a tomar tiempo asimilarlo". Me dio un abrazo que duró un largo período y continuó estoicamente el día como si nada hubiera pasado. Mi padre me cuestionó un poco más. Preguntó si estaba seguro o si ésto no era una etapa de esas que nos dan a los jóvenes modernos y que llevan nuestras vidas a la perdición, pero finalmente quedó en el mismo plano que mi madre. "¿No tienes VIH?", preguntó mi padre al día siguiente. "No papá, no es una enfermedad exclusiva de homosexuales", respondí yo.

Estuve recibiendo ese tipo de preguntas con mucha frecuencia durante un tiempo. Hubo un par de veces que me exasperé y pedí que dejaran de tratarme de convencer de ser algo que no soy. Con el tiempo se dieron momentos de hostilidad, momentos de frustración y fricciones bastante incómodas. Parecía que conforme pasaba el tiempo mis padres no asimilaban la situación, sino que se resistían cada vez más a aceptarla. Hasta que un santo día, mi madre me pidió que la acompañara al supermercado. Hicimos la compra muy rápido y cargamos el coche con las bolsas, después mi madre me pidió que la acompañara al banco a sacar dinero y después a comprar un regalo para alguien.

Posteriormente, mi madre me dijo que necesitaba pasar a casa de su profesor de yoga que se iría de viaje al día siguiente, para pagarle aquellas dos clases en las que se le olvidó llevar la cartera y no pudo pagar. El regalo sería en agradecimiento por el año de clases.

Mi madre es una mujer canosa, bajita y regordeta que tiene esa claridosidad tan inocente que tienen las mujeres de antes.  Con toda esa transparencia, era muy fácil ver que mi madre tramaba algo. A sus entonces 65 años, mi madre seguía comportándose con la inocencia de una niña, por lo que era evidente que quería que conociera a su profesor de yoga.

"Mamá, ¿Por qué me quieres presentar a tu profesor?" -- pregunté yo y ella se rió de manera cínica. Mi madre y yo nos hablábamos en una combinación de griego y español, pero esta conversación se llevó a cabo enteramente en griego. "Es un buen muchacho, creo que le gustan las mismas cosas que a tí, todo eso de la mente y los hombres con vello corporal abundante" -- respondió ella mientras se seguía riendo. "¡Mamá!" -- reclamé con incomodidad. "¿Ahora dirás que eres un santo y que te incomoda hablar del asunto? Si soy tu madre, te conozco y he visto como los miras" -- se defendió ella. Nos quedamos en silencio por un largo rato.

"También es dificil para los padres, ¿Sabes?" -- dijo interrumpiendo el silencio. "Nadie nos enseña a ser padres, sabemos que ustedes no son nuestra propiedad, entendemos que son libres y autónomos, pero es mucho más dificil en la realidad" -- añadió y tomó un respiro mientras estacionaba el coche frente el portón de la casa de su profesor "si en algún momento te ofendimos, te pedimos una disculpa, pero debes entender que aunque no me estoy excusando, nos educaron de una manera y por eso teníamos ciertas expectativas, para ustedes es duro ser aceptados, pero dudo que se detengan a pensar que para nosotros también es muy difícil romper muchos paradigmas que nos enseñaron desde niños para que nuestros hijos puedan caber cómodamente en nuestras vidas sin problemas". Abracé a mi madre como nunca y me dio por llorar. Ella me abrazó de regreso y nunca más volví a recibir comentarios hostiles de su parte.

Lo del profesor de yoga no llevó a nada. Aunque era un hombre ciertamente interesante, era ilógico pedirle su teléfono en ese momento. Todo el camino de regreso a la casa, mi madre me estuvo dando guerra con que era muy tonto de no haberle pedido el teléfono "¿Te educamos para ser tan lento?"-- decía -- "¡A veces eres demasiado prudente y cobarde!"(creo que incluso llegó a usar la palabra "malakas"). Poco después nos enteramos que se había ido a de viaje a ver a su pareja que vivía en Sao Paulo y mi madre paró de traer a la conversación mi torpeza emocional. Una lástima, pero al menos ni siquiera hubo tiempo para que ilusionara. 

Siempre he creído que tengo mucha suerte. Varios de mis amigos me han dicho que les hubiera encantado que sus papás reaccionaran de esa manera, incluso, un gran número de personas que conozco en todo el mundo ni siquiera se ha atrevido a insinuar el asunto en sus familias. Debo decir que las cosas no fueron del todo bien en mi familia durante un par de meses, pero en el presente creo que yo también debí de haber entendido a mi familia un poco más. Nunca es fácil para ninguno de los involucrados. Hay muchos prejuicios y estructuras que prevalecen. Para un padre que muy posiblemente fue educado con estructuras tradicionales no debe ser fácil pensar que su hijo se adentra a un "mundo de perdición", con el tiempo, los que se dan la oportunidad se dan cuenta que eso sólo es un prejuicio.

El proceso por el que pasamos para salir del armario es quizás de lo más complejo que hay. Cada quien pasa por una serie de etapas que son únicas a sus circunstancias, pero puedo decir que siempre es difícil: algunas veces más que otras dependiendo de la familia y la cultura. Durante este período, hay familias que se separan, hijos que huyen y vidas que se destruyen, pero también puede ser una gran oportunidad para sanar viejas heridas y cambiar estructuras familiares fallidas. He oído varios conocidos que dicen "mi padre nunca volvió a hacer un comentario homofóbico frente a mi".  Sin duda alguna la salida del armario es un periodo decisivo en la vida de cualquier homosexual por su impacto en la dinámica social.

¿Pero qué es ese proceso de salida del armario? ¿Qué elementos juegan? ¿En qué influye? Para este pobre azafato cuyo cerebro está inflamado por pasar tantas horas en un ambiente seco y dormir en diferentes zonas horarias, no hay respuesta. Cada persona sopesa las diferentes variables que influyen en su vida y decide hacerlo de diferentes maneras, o simplemente no hacerlo. Muchas personas decidirán compartir su vida íntima con un grupo selecto de personas, mientras que habrá otras personas que no reparan en sacar las plumas a todo el mundo. En el caso de un servidor, nunca lo he escondido, pero como no lo considero importante, no lo menciono a menos que me lo pregunten.

La oscuridad y la estrechez del armario varían en función de cada individuo. Algunas personas pueden vivir perfectamente felices sin tener que abrirse ante sus padres porque no le dan mayor importancia a la vida familiar, sin embargo quizás puedan tener problemas en comunicarselo a sus mejores amigos. Para otras personas, la aprobación familiar es de suma importancia, por lo que abrirse a la familia puede ser un tema muy problemático. Creo que aquellas personas que pueden asumirse como homosexuales frente a las personas que tienen más peso en su vida personal suelen ser mucho más resilientes que aquellas personas que tienen que vivir escondidas. Dar el paso no es fácil y cada quien se tomará el tiempo necesario para hacerlo.  El meollo del asunto es poder ser uno mismo sin ataduras ni restricciones.

Es importante que si conocemos personas que se encuentran viviendo anónimamente en dolor y oscuridad de un armario, les sirvamos de plataforma para afrontar sus miedos y les demos el apoyo necesario cuando necesiten un hombro en quien recargarse cuando las cosas se pongan mal. Existe mucha gente que vive aplastada por el "qué dirán?" y por la falta de aprobación de la familia y es importante proveerles una estructura interina sin vicios en la que puedan confiar y a la que se puedan acercar toda vez que consideren necesario.

Tengo suerte, de verdad que me considero muy afortunado, de verdad que justifico y acepto la envidia de mis conocidos, pero no se puede permitir que las expectativas de otros empañen nuestra felicidad. No podemos esperar tener todas las variables del juego a nuestro favor para perseguir nuestras metas. La demás gente rompe sus cadenas y derriba sus muros cuando nos ven libres y sin prejuicios en nuestro hacer silencioso del día a día: trabajando, siendo empáticos, abiertos y amorosos, congruentes con nuestra bandera y ayudando a que, como en alguna ocasión dijo mi madre, haya una lágrima menos en el mundo. Esa es la única forma de demostrar que nuestra humanidad no está en función de lo que hacemos debajo de las sábanas, que somos inmunes al juicio y que estamos por encima del odio. Cualquier otra lucha ruidosa, creo que será inútil, porque el ruido y la confrontación sólo engendran más odio.


A veces las expectativas nos orillan a vivir escondidos.
La vida llama a la puerta una, dos, tres, miles de veces... Las lechuzas siguen llegando con cartas.
¿Tenemos miedo de ser quien somos? ¿Tenemos miedo a vivir?
¿Es el rechazo lo suficientemente funesto como para preferir refugiarnos en la oscuridad húmeda y fría del armario debajo de las escaleras?

 

domingo, 10 de marzo de 2013

La caja del dolor



Los vuelos de largo radio siempre fueron mis preferidos. En la nueva compañía, el vuelo más largo que operamos es al aeropuerto de Heathrow y dura hasta 4 horas y sinceramente extraño aquellos largos viajes. Un vuelo de más de 9 horas es muy distinto. La dinámica a bordo es muy diferente: los pasajeros viajan lejos de casa y la tripulación se prepara para pasar un tiempo fuera de su base, lo cual es una gran oportunidad para conocerse y hacer nuevos amigos. Los vuelos cortos puede ser operado por un avión pequeño con hasta 4 o 5 tripulantes de cabina, mientras que en los vuelos de largo radio se realizaban en un enorme Airbus A340 que iba tripulado por 11 de nosotros. Navegar en un tubo metálico presurizado con 295 pasajeros durante 9 horas era sólo parte de la experiencia, una vez que llegábamos a nuestro destino, los 11 tripulantes de cabina nos convertíamos en turistas. Los pilotos tenían su propia dinámica.

En una ocasión dada que iba en el vuelo de medio día a Nueva York, llegué temprano por la mañana al centro de documentación de la tripulación para darme cuenta que todos, a excepción de la jefa de cabina, éramos hombres y todos éramos homosexuales. Lambrina me recordaba mucho a mi madre: una mujer de armas tomar unos 25 años mayor que yo. Lambrina era toda una veterana en la compañía, y aunque había gente con más años de antigüedad, ninguno era tan interesante como ella. Delgada, morena clara, de ojos verdes y nariz aguileña. A diferencia de mi madre, Lambrina era muy espontánea y encarnaba la imprudencia. De mente muy abierta, pero con un temperamento explosivo, esta mujer causaba polémicas en todos los vuelos que tripulaba por la forma en la que trataba a algunos pasajeros. Lambrina rara vez hacía vuelos de corto radio por su antigüedad.

 Esta era la segunda ocasión que volaba con Lambrina a cargo. La primera fue más bien irrelevante y aunque mis compañeros y yo esperabamos con ansia presenciar un episodio de "actitud Lambrina", no se dio la ocasión. Del resto de los compañeros, tan sólo destacaban Giorgos y Alex: colegas y amigos de mucho tiempo. Giorgos es 8 años mayor que yo, pero entró a trabajar a la compañía al mismo tiempo que yo. Bien parecido y simpático, pero también muy solitario. Alex nunca nos ha querido decir su edad pero calculo que es unos 20 años mayor. Ya tenía un largo camino andado en la compañía y por eso había sido designado como el segundo a cargo. Por lo general, los pasajeros solían quedar muy satisfechos con él siempre que habíamos volado juntos. Lambrina nos asignó a mí y a otros dos muchachos para trabajar en clase ejecutiva con Alex a cargo. Ella eligió supervisar la clase económica en la que trabajarían Giorgos y el resto.

Éstas posiciones se mantendrían al regreso. Salimos a tiempo y durante el despegue, uno de mis colegas a quien llamaré Pavlos, acomodó su mano sobre mi muslo, cuando demoró en quitarla, empecé a pensar que eso no había sido por accidente, y cuando comenzó a acariciarme fue que cogí su mano regreándola sobre su propio muslo. Lambrina observaba la escena desde su asiento en la puerta opuesta del avión mientras se reía divertida.

Me hubiera gustado que el vuelo fuera lo suficientemente tranquilo e irrelevante como para poder evitar a Pavlos, sin embargo a más de la mitad del vuelo, mientras me disponía para dormir en la parte trasera de la cabina económica, me encuentro con un tumulto de pasajeros que estaba de pie alrededor de Lambrina y de un hombre de complexión grande. La audiencia observaba atenta como Lambrina le dejaba claro al hombre que no iba a permitir su intolerancia ni su fanatismo a bordo. Me acerqué a indagar con Giorgos y resultó ser que mientras Lambrina servía el café, olvidó ofrecerle al señor. Al parecer el señor estaba muy molesto por el descuido y se levantó del asiento para reclamarle a Lambrina en frente de los demás pasajeros. Giorgos me explicó que Lambrina se disculpó y le dijo que en seguida pasaría por su lugar, el hombre se dio la vuelta murmurando que "that's what you get when fags and a hag serve your flight". De acuerdo con Giorgos que servía café en el pasillo contiguo, Lambrina se encendió al instante y lo confrontó gritando que repitiera eso que dijo en fuerte para que todos los pasajeros pudieran ver el tipo de persona que realmente es. Los pasajeros de alrededor se levantaron para evitar que el problema creciera, y fue en ese momento que llegué yo. Alex y Pavlos no tardaron en llegar. El hombre tuvo a mal decir que si ahora iba a comenzar el "gay parade", por lo que Lambrina decidió que sería mejor esposarlo. Mientras intentábamos amagarlo, el hombre golpeó a Pavlos en la cara. Lambrina me asignó hacerle una curación a Pavlos, lo cual complicó más la situación. A tres horas de llegar a Nueva York, las autoridades fueron avisadas. El hombre fue remitido a las autoridades correspondientes al aterrizar.

Un hombre fue físicamente agredido y otro fue arrestado, uno de ellos pasará la noche detenido odiando más a los homosexuales puesto que ya no hay valores y cada vez hay más gente que los defiende y otro dormirá en un hotel de Nueva York generando cada vez más prejuicios en contra de los heterosexuales. Al llegar al hotel, me dirigí a mi habitación para dormir. Justo cuando iba meterme a bañar, me llamó Alex para decirme que los demás querían ir a Manhattan a tomar algo. Pregunté si iría Lambrina, pero me dijo que era mejor no avisarle. En un instante me di cuenta que era un "plan gay".

Seguramente iríamos a Greenwich Village y terminaríamos un club cuyo nombre seguramente no recordaría, Pavlos bebería demasiado y probablemente habría que llevarlo cargando de regreso al hotel, Giorgos no bebería tanto y probablemente terminaría coqueteando con un musculoso con predilección por las "nutrias", pero no le daría más entrada que su amistad en facebook y un "Let mi nou huën iu kom tou guris" (Let me know when you come to Greece). Alex se sentaría conmigo añorando la época en la que usaba pantalones con 32 cm de cintura. Me diría algo como "Diviértete un poco, ahora que estás jóven" y yo le daría un abrazo y le diría que me bastaba su compañía para divertirme, para posteriormente expresar mi amargura interior con una exhalación por la boca mientras pensaba en mi cama con nostalgia. Los demás se perderían en una multitud de descamisados para no volver a ser vistos hasta el día siguiente.

Acepté la propuesta. El plan salió tal y como lo había previsto, excepto el hecho de que además de Pavlos, tuvimos que cargar a otro tripulante que trabajaba en clase económica y cuyo nombre se me escapa. Pavlos intentó abrazarme mientras abría la puerta de su habitación, para después confesarme que estaba enamorado de mí. Yo le respondí que lo lamentaba mucho, pero que mi corazón le pertenecía a Kevin Costner. Él sólo lo maldijo en la oscuridad.  Tengo elementos para pensar que Pavlos se escapó de su habitación unos minutos después y terminó acostándose con el tripulante anónimo. Siempre me ha parecido increíble la energía que tiene mucha gente.

La agresión del hombre, la comodidad y conveniencia de la anestesia que producen las drogas que tomaron varios de mis compañeros esa noche, la soledad de Alex, la necesidad de conexión de Pavlos y otros elementos que se sucitaron en ese viaje me hicieron reflexionar mucho y me hicieron traer a la superficie una verdad que me causo bastante escozor. Muchas actitudes que vi esa noche son evocadas para conjurar el dolor y la soledad. Hay mucha gente homosexual que ha sido muy lastimada por las personas que más deberían brindarles apoyo en los momentos más difíciles. La aparición de una cultura subterránea es producto del rechazo: si tú no eres aceptado por un gran sector de la sociedad, pero tampoco por tu familia, es muy posible que busques refugiarte en un grupo de gente similar a tí que comparte tu mismo dolor. El no ser aceptados nos empuja al "underground". Nos orilla a extraernos de la sociedad y fundar una pequeña sociedad donde nos sentimos aceptados y donde no nos sometemos a los contratos sociales habituales. Nos metemos en una caja diferente mostrando que no necesitamos de esa sociedad que nos lastimó.

Estoy convencido de que el dolor es un parteaguas en la vida de las personas. En muchas ocasiones, es a través de las experiencias más dolorosas que nos levantamos más fuertes y completos. Es bien cierto que tu peor verdugo es tu mejor maestro. Una multitud de personas han llegado muy lejos a partir de su capacidad de darle un sentido a aquello que los tiró en el pantano para usarlo como tabla de salvación. Sin embargo, el dolor también es capaz de destrozar vidas destinadas para el triunfo. Hay dolores que ahogan, invaden, golpean, matan, arruinan y destruyen. El dolor es una disyuntiva en la que tenemos que elegir o de darnos un par de minutos para llorar para después levantarnos y seguir caminando con mucha más experiencia que antes o dejarnos morir.

Me considero afortunado de tener una familia que decidió no renunciar a mi por mi preferencia sexual y que está abierta a escucharme en cualquier situación, pero también creo que es muy importante tener buenos amigos que estén parados en una situación similar a la nuestra que puedan escuchar esas cosas que no le contarías a tu hermana. Desafortunadamente, en esa búsqueda de comprensión, en ocasiones nos rodeamos de compañías que se están ahogando en su dolor y entonces nos olvidamos de que aquello que nos hace sufrir se supera encontrándole un sentido y nos enfocamos en borrar el pasado para anestesiar nuestro dolor. Nos exponemos al ruido para distraernos, empezamos a respirar ruido y finalmente somos ruido. Estamos distraidos por un mundo de estímulos sensoriales que nos aceleran y nos vuelven temporalmente ciegos, pero cuando termina la fiesta y despertamos, más solos que antes y frente al mismo dragón que hemos estado tratando de evitar. Si en el trabajo tenemos una horrible experiencia, nos volvemos rebeldes, nos llenamos de ruido y nos olvidamos por un momento de que aunque no queramos, seguimos perteneciendo a ese mundo que en algunas ocasiones nos hace sentir tan mal.

Muchas veces me pregunto si este separatismo no estará agudizando nuestro dolor. A veces pienso que toda esa energía que ponemos en ser una entidad diferente de la sociedad convencional lo único que logra es separarnos más. ¿Qué tan poco convencionales estamos siendo?¿Qué tan diferentes somos en realidad? Si pensamos con perspectiva, nos daremos cuenta que la sociedad es un entramado muy colorido: hay culturas, religiones, etnias, profesiones y gustos diferentes que confluyen en un tiempo y un espacio determinado. Cada una tiene un origen y un punto de reunión, pero todas forman ese tejido que llamamos sociedad. La preferencia sexual es un hilo más en ese sweater conformado por otros miles de hilos diferentes. Podemos tener un sentido de pertenencia y es muy enriquecedor poderse reunir a compartir experiencias, pero debemos siempre ubicarnos en el contexto que vivimos. Los miembros de la comunidad judía se reunen en la sinagoga y los cristianos van a la iglesia los domingos. Algunos participan en actividades durante la semana, pero nunca dejan de ser miembros activos de la sociedad y estoy seguro de que un judío invitaría a un cristiano a la boda de su hija y que el cristiano asistiría sin problema alguno.

Refugiarnos en el ruido lo único que hace es clasificarnos dentro de la caja del dolor. El mundo es dificil, pero no queda otra más que seguir bailando. Vivir duele mucho y algunas personas padecen dolores emocionales inimaginables que ni siquiera tienen que ver con su preferencia sexual. Si nos duele algo, lo único que podemos hacer es buscar gente genuina que sea capaz de acompañarnos con sus buenos sentimientos durante nuestro nuevo despegue. Si vemos que alguien está padeciendo, lo mejor y más útil que podríamos hacer es  ser empáticos, incluyentes, cálidos y abiertos en caso de que nos lo soliciten. Nuestra utilidad en el mundo radica en ver de eliminar todas esas fronteras de dolor que hemos creado nosotros mismos. Todos somos hebras de distintos colores que nos entretejemos en una enorme red. Nadie es responsable de nuestra hebra más que nosotros mismos, así que lo único que podemos hacer es procurar no lastimar y hacer lo propio toda vez que seamos lastimados.

Después de esa noche tan ajetreada, Lambrina nos ha regañado a todos por no avisarle que saldríamos. Era claro que varios tenían una resaca tremenda. El vuelo de regreso a Atenas partió por la tarde. Fue uno de esos vuelos indiferentes en los que casi nadie tenía ánimos de trabajar. Parecía que sólo éramos 6 tripulantes en lugar de 11 y los pasajeros parecían notarlo. Aterrizamos sin problemas y a tiempo en Atenas. Fatigados, recogimos nuestro equipaje y nos dirigimos hacia nuestras casas. Una vez en la cama, llamé a mis padres para contarles lo sucedido. Tatuada en mi mente está la frase de mi madre: "No te quejes, mejor proponte hacer lo que tengas que hacer para que haya menos lágrimas en el mundo. Con una menos ya es suficiente." 


   

  
  

domingo, 3 de marzo de 2013

La vida: una cápsula publicitaria



¿Han visto alguna vez en la televisión el tipo de comerciales que ponen las líneas aéreas? A excepción de algunas compañías que luchan como adolescentes por su individualidad dentro del mercado, todos acostumbran ir por la misma línea: comienza el anuncio con una toma de un cielo computarizado con nubes y una pieza musical como el Oboe de Gabriel: hermosa, nostálgica y digna de no ser quemada en un acto mercadotecnia tan cutre.  De repente aparece un enorme avión haciendo un giro, es la nave insignia de la compañía. Un narrador con un vozarrón grave y sexy empieza a hablar sobre la línea y lo maravillosa que es mientras se muestran escenas de la vida diaria de la compañía en cámara lenta. Todas ellas ocurren en un mundo de sonrisas plásticas en el que los retrasos, las pérdidas de equipaje, el mal tiempo, las tripulaciones abusivas y los pasajeros ebrios o demandantes no existen. El clímax de la producción ocurre en el momento en el que una lindísima azafata con piernas de modelo, peinada y uniformada a la perfección acomoda una cobija a un pasajero dormido en clase de negocios. Sobra repetir que nadie ha dejado de sonreír: ni la azafata ni el pasajero dormido, seguro que fue un gran día en el estudio de grabación. Posteriormente, la  cámara hace una toma del exterior del avión que vuelve a hacer un giro para dirigirse hacia un sol que se empieza a esconder en el horizonte.

Me pregunto si alguien creerá en todo este pastel de imágenes falsas todavía. Todo ese “glamour” asociado con el transporte aéreo se había comenzado a perder desde mucho antes que yo entrara al mundo de la aviación, por lo que un par de imágenes retocadas con personajes salidos de “Stepford Wives” no debería de ser lo suficientemente convincente para la mayoría de las personas.
Algo que siempre me gustó de trabajar en Olympic es que, debido a nuestra mala reputación,  ninguno de nuestros pasajeros esperaba ningún elemento de toda la parafernalia de atenciones que otras compañías sí suelen prometer. Si hablamos con honestidad, a pesar de que Olympic ya no era la gran compañía de antes, la mayoría de nosotros nos esforzábamos por hacer bien nuestro trabajo con los pocos recursos que teníamos. Eso sí, había colegas que fumaban en los servicios y se sabía que en las rutas a Australia que hacían escala en Bangkok, algunos tripulantes ofrecían relojes de imitación (con la anuencia de los pasajeros) durante la venta libre de impuestos metiendo así el dinero en sus bolsillos.

Tengo que admitir que siempre encontré algo de romanticismo en el hecho de acomodar la cobija de alguno de mis pasajeros, pero debo decir que nunca lo he hecho. Desde que trabajaba en Olympic hasta este momento he procurado ofrecer el mejor servicio posible, esto incluye pasearse varias veces por todo el avión, estar al pendiente de los pasajeros y responderles de manera genuina. Adicionalmente me gusta mucho entablar conversaciones con algunos pasajeros que se aparecen en el área de servicio para estirar las piernas, sin embargo siento que el mundo se ha vuelto demasiado peligroso como para acercarse a un pasajero dormido, especialmente si uno es hombre.

Aprovecho este momento para mencionar que los seres humanos adquirimos el conocimiento a través de la categorización de los objetos, sin embargo nos hemos olvidado que la clasificación no es más que una de las herramientas que tiene la mente para analizar los accidentes de las cosas y diferenciar sus esencias. De esta manera pensamos que el universo se encuentra en verdad compartamentalizado y quela naturaleza responde a nuestro orden de categorización humano. Este error de conocimiento nos lleva al sufrimiento, puesto que en la realidad la pertenencia a diferentes conjuntos no es tan matemática. En el universo, un dado conjunto tiene una infinidad de subconjuntos, cada uno con características particulares que no comparte con el otro.  Si vemos el comercial de una compañía aérea al azar, pensaríamos entonces que el mundo de la aviación es un mundo elegante y glamouroso, repleto de todo el romance asociado con los viajes y el conocer el mundo. Los tripulantes de cabina son todos muy atractivos, sin embargo no saben más que servir café, abrir puertas, desarmar toboganes y acostarse con los pilotos y alguno que otro pasajero. Si son hombres, entonces seguramente se la comen doblada. Además, todo hombre que se aproxima físicamente a una mujer busca al menos tocarle las nalgas o los senos.

Si… en efecto el mundo se ha vuelto demasiado peligroso como para acomodarle la cobija a un pasajero. Imagínense que me acerco a una mujer dormida para subirle la cobija hasta los hombros y ella  despierta y me ve ahí, sonriendo como en el comercial y con las manos a menos de dos centímetros de su torso. Sería peor si le acomodara la cobija a un hombre, seguramente su reacción sería similar a la de la mujer, pero acompañada de una fuerte dosis de virilidad, orgullo macho y narcisismo, ya que si soy azafato seguro soy gay, y si soy gay seguramente me quiero acostar con absolutamente todo hombre que se me ponga en frente, aunque huela a calzón de basquetbolista y no se haya lavado los dientes en tres semanas.  

Hablando de etiquetas y de homosexualidad, todo lo gay es continuamente blanco de juicios y etiquetas por parte de la sociedad. Desafortunadamente, casi todas las etiquetas que recibimos son bastante negativas o bastante superficiales. Hace un año hacía la compra con la última pareja que tuve en un supermercado pequeño en el centro de Atenas. Mientras estábamos haciendo fila para pagar, una señora de unos 50 años nos preguntó si éramos pareja. Dijo que nunca había visto una pareja de hombres tan de cerca, y mencionó que debíamos de ser muy buenos artistas. Realmente no se lo tomé a mal porque tenía una curiosidad y una calidez muy genuinas, pero no todos los homosexuales nos dedicamos al arte, incluso seguramente habrá algunos a los que no les gusta. Tampoco todos cortamos pelo en estéticas, vestimos bien o le diseñamos el vestido de novia de nuestra mejor amiga. Sí hay algunos que, como yo, señalamos las salidas de emergencia de un avión mientras éste se alinea con la pista de despegue, pero hay otros que reparan autos, diseñan tuberías, juegan fútbol o calculan probabilidades. Ser homosexuales no nos hace sólo buenos artistas o sensibles y estetas de nacimiento, de hecho conozco homosexuales bastante descorazonados.

Por otra parte, la sociedad suele considerar a los homosexuales como bestias sedientas de sexo. Recientemente mientras recogía la basura en un vuelo hacia Tel Aviv, me encontré con un recado en una servilleta escrito por la mujer del 2A que a grandes rasgos traía un número telefónico y una propuesta para realizar un trío. No juzgo el acto ¡Qué bien que haya gente con la creatividad y apertura para ejercer su sexualidad como a ellos se les antoja! A mí no me llama la atención dicha experiencia.  Soy hombre y me gusta el sexo, pero no es en lo único que estoy pensando y no me apetece meterme ni con una mujer, ni con alguien que no conozco. Además, la gente piensa que sólo los homosexuales son promiscuos y cambian frecuentemente de pareja, olvidándose de que la promiscuidad era una mujer heterosexual que iba sentada en el asiento 2A de aquel vuelo hacia Tel Aviv. Tampoco el uso de drogas es exclusivo de homosexuales, tan sólo ayer en un restaurante en Atenas fingí no ver a un hombre inhalando coca en el baño para luego irse a sentar a la mesa con su esposa.

He tenido la oportunidad de convivir con muchísimos hombres que usan cuellos en v, que van al gimnasio, que les gusta el arte, que tocan el piano y que compran flores para su casa que no son gay, también hay mujeres a las que les gustan los automóviles y que traen el pelo corto, pero que les atrae Kevin Costner tanto como a mí. No hay reglas escritas, las virtudes y defectos son propios de la especie humana, no de alguna minoría o subgrupo de la población.

Soy Rubén, si me ves caminar por la calle, probablemente no sabrás nada de cómo soy, pero te harás una idea con base en tus experiencias previas con personas que te recuerden a mí. Si tienes un poco de más suerte y soy tripulante alguno de tus vuelos, entonces tus juicios hacia mí estarán basados en lo que tú crees que sabes de mi profesión. Muy probablemente creas que soy gay. De ahí te vendrán toda una serie de pensamientos sobre lo que hago debajo de mis sábanas sin saber que estás en un error: desde ahora te digo, tiene más de seis meses que no voy a un club, nunca he probado la droga y no he tenido más de tres parejas en toda mi vida. No tengo VIH ni soy un vector de la enfermedad y tampoco estoy buscando acostarme con cualquier hombre.  Todo es un constructo de tu cabeza edificado con lo que tú crees que implica ser gay. Ser gay no significa nada más que una preferencia sexual, las etiquetas son un espejismo que creaste tú con base en tus experiencias previas y la información que te dieron otras personas que a su vez pudo haber sido fabricada de la misma forma.   

Lo mismo aplica para otras situaciones: ser musulmán no tiene nada que ver con ser árabe, talibán, terrorista o misógino, la honestidad y los valores de una persona no están en función de su etnia, ser hombre o mujer no tiene ningún efecto en el desempeño intelectual de una persona… Todas estas etiquetas son mentiras que nos repetimos a nosotros mismos tantas veces, que en ocasiones llegamos a creer que son verdad.

En la medida en la que tengamos bien claro que como seres humanos tendemos a categorizar el mundo que nos rodea, pero que esta categorización no es más que una fantasía, estamos en el camino correcto para entender que las etiquetas que ponemos en las cosas no son reales y que la separación que percibimos entre nosotros y las personas es meramente virtual.

domingo, 24 de febrero de 2013

Me gusta el olor a cloro tanto como los hombres

Por lo general, cuando se habla de la cama, se habla de cosas muy diversas. La cama puede ser un sitio de descanso, recuperación, convalecencia o recreación. Toda vez que se dice "vamos a la cama", se está haciendo referencia a un acto placentero. En la humilde opinión de un servidor, pocas cosas son tan satisfactorias en la vida como quitarse el uniforme y tirarse en la cama sin importar que esta no sea la de uno. Desafortunadamente en mi profesión, la mayoría de las ocasiones en las que nos quitamos el uniforme para tumbarnos en la cama, lo hacemos para apagar la luz y dormir hasta que nos despierta una llamada telefónica.

Hoy desperté a las 9 de la mañana después de haber dormido sólo 4 horas por causa de un retraso de más de dos horas en el último tramo de Estambul a Atenas y por mi loco afán de dejar toda mi ropa sucia lavada y planchada. Ahora mismo, a las seis y media de la tarde, me encuentro tirado en una cama con la mitad de mi uniforme en un hotel del aeropuerto de Düsseldorf pensando si prefiero recuperar el sueño o hacer uso de la piscina techada.

Dormir y nadar son algunas de las cosas que más disfruto, en especial después de trabajar. Creo sin embargo que en este caso renunciar a nadar tiene una clara desventaja: un par de horas más de sueño no me van a hacer sentir menos cansado mañana. Además, desde que era niño he tenido una extraña predilección por ese olor a cloro que se da en las albercas techadas. No está por demás decir que siempre me he caracterizado por tener gustos poco comunes, de manera que la mayoría de las personas se sorprenden cuando ven que puedo comerme el wasabe a cucharadas, que me enloquecen los pepinillos en vinagre, que me regocijo con las canciones tristes o que me gustan los hombres.

Es quizás esa última la que más comentarios genera. Realmente nunca he entendido por qué la homosexualidad levanta tantas cejas y voltea miradas en todas las sociedades del mundo. Hay demasiada estupidez en el hecho de odiar a alguien porque le gustan las personas de su mismo sexo. He perdido suficiente tiempo tratando de comprender la raíz de este odio y he llegado a creer que todo es producto de una enseñanza de antaño mal fundamentada que ha prevalecido hasta ahora y que por ser antigua nadie se cuestiona. En mi opinión personal la homosexualidad es un gusto más. De la misma manera que existe gente que verdaderamente disfruta una sopa de lentejas, habemos muchos hombres a los que nos gustan los hombres y hay mujeres a las que les gustan las mujeres. Es cuestión de fajarse los pantalones, superar prejuicios y hacerse a la idea que así es la vida. No es por preocupar a los lectores homofóbicos (si es que hubiera uno que me siguiera leyendo), pero en una de esas que hagan enojar a Dios y hasta les sale un hijo homosexual.

Nunca faltará aquel pajero mental complicado que busca sorprender a todos con palabras rimbomantes y teorías retorcidas sobre el origen de la homosexualidad mientras adopta una pose como de analista político de la telebasura, mientras se le escurre la babita de la boca ¡Es más, en una de esas hasta moja los calzones!

La realidad es que sea como sea, habemos homosexuales en el mundo, por lo que destinar recursos a indagar sobre algo tan ambiguo y esquivo me resulta ilógico, en especial si esta investigación esta más o menos encaminada "curar" o "contrarrestar" la homosexualidad y los males que conlleva. Es un hecho que hay una gran lista de males arrastrados por la homosexualidad, pero no es necesario abordar temas como la etapa fálica, el Complejo de Edipo, el día de las madres o la infalibilidad del papa que les enchinan la piel a muchos "intelectuales" para acallar ese dolor. Sólo basta con crear una sociedad incluyente en la que lo diferente; léase preferencia e identidad sexual, etnia o religión; carezca de toda importancia. Con esto no quiero decir que crea que debemos esperar a que la sociedad cambie para poder sanar, sino que debemos también ser más solidarios entre nosotros mismos y no recurrir a la humillación y autodestrucción tan frecuente.

Mi preferencia sexual no me define como persona. No me gustaría ser "Rubén el homosexual", preferiría ser "Rubén con un montón de atributos buenos y malos entre los cuales, por ahí, entre muchas otras cosas neutrales, se encuentra que es gay". Poco más de la mitad de mis compañeros de trabajo son abiertamente homosexuales y creen que vivo en el clóset. Esto no podría ser más falso; nunca he tenido pena o miedo de caminar de la mano de otro hombre en la calle, de presentarlo a mi familia o incluso de tener muestras de afecto en público. No tengo nada que esconder, simplemente no me parece apropiado exponer mi vida sexual en todo momento.

 En algún otro momento tendré el placer de contarles sobre el paquete de etiquetas que uno trae puestas por el simple hecho de ser homosexual, por el momento me retiro a nadar antes de que cierren la piscina. Posteriormente pasaré a hacer el uso previamente específicado de mi cama. Por favor permanezcan sentados con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el capitán apague la señal luminosa. Les pedimos tener cuidado al abrir los compartimentos superiores ya que el equipaje de mano se pudo haber movido durante el aterrizaje. Esta línea aérea agradece su preferencia y esperamos verlos nuevamente a bordo de uno de nuestros vuelos.


domingo, 17 de febrero de 2013

Mi nombre es Rubén Darío y entre otras cosas, soy muchas cosas más.



Antes de empezar a escribir, creo que es preciso presentarme y hablar un poco de mí. Por lo general, las personas tendemos a querer escarbar en la vida de las demás personas sin darnos cuenta que en la mayor parte de los casos nos enfrentamos a un mundo de máscaras. Es realmente poca la gente que es generosa con sus sentimientos y su corazón. Cada vez que nos acercamos a alguien desconocido empezamos por aprender sus nombres, sus edades e incluso sus profesiones, nos hablan de sus casas, sus coches y sus familias y nos narran una serie de aventuras y hazañas que por lo general son poco relevantes. Diría el Principito que llevamos una conversación de adultos. Nos interesamos únicamente en hechos concretos y cifras: en la periferia. Es realmente poca la gente que nos abre la puerta para hablarnos desde el corazón. No culpo a esta gente, yo no comparto el contenido de mi corazón con cualquiera. Compartir el corazón es arriesgarse, es exponerse al dolor, es mostrarse vulnerable. Es por eso que por lo general optamos por hablar de cosas poco importantes como el clima o lo bonitas que son algunas mascotas. Hoy voy a hablar de la periferia y también voy a hablar del corazón: del corazón de todos ustedes, queridos lectores,  y probablemente también un poco del mío, que a fin de cuentas es la misma cosa.

   Mi nombre es Rubén Darío o simplemente Rubén, tengo 29 años y al igual que Miguel Bosé, nací en Panamá. Mis padres, ambos nacidos en Creta, decidieron ponerme este nombre en honor al mismísimo poeta nicaragüense que logró cautivar a mi madre. Irónicamente, nunca he leído nada de él. Por mi parte, creo que me hubiera gustado llamarme como Miguel Bosé, dada mi personalidad y mi gusto artístico hubiera sido mucho más congruente. Podría decirse que desde mi nombre, soy una contradicción encarnada: me gusta la literatura pero leo poco; soy alérgico a las tonterías y sin embargo digo y escribo tanta mierda que bien podría llenar unos veinte libros de superación personal y desbancar a unos cuantos autores cuyas frases comercializadas aparecen como epigrafes en agendas; soy de izquierdas, repudio la hipocresía de la religión y lucho por la libertad y la vanguardia sin dejar de considerarme creyente en Dios y seguidor de los valores universales. En fin, es posible ver desde ya que este recorrido que vamos a hacer a las profundidades del corazón no es precisamente un paseo por el parque.

  Si bien nací en Panamá, por el trabajo de mi padre he vivido en diferentes ciudades como Buenos Aires, Amsterdam, Montreal, México y finalmente en Atenas donde me he decidido quedar. Desde muy pequeño supe que me gustaba acercarme a la gente y hablar de aquello que había en su corazón: por eso estudié psicología. Tengo que decir que en los cuatro o cinco años que estuve en la facultad, he escuchado más mierda de lo que una persona normal podría escuchar en toda su vida. Me apena ver el perfil de muchas de las personas con las que comparto profesión a nivel mundial. Más aún, me apena ver la cantidad de gente que practica la psicología sin ningún conocimiento del funcionamiento de la mente y del alma. Estos criminales sólo saben sacar plata de los corazones en agonía durante años dejándolos en un peor lugar que en que comenzaron. Intoxicado por la farsa y el falso intelecto, decidí irme a Grecia a trabajar para la legendaria compañía Olympic Airlines como tripulante de cabina de pasajeros. Después de su trágica quiebra, tuve la gran fortuna de entrar en otra compañía más pequeña, pero pujante que sólo opera dentro de Europa.

   Este soy yo: Rubén Darío de 29 años, panameño de nacimiento y de corazón, griego por azar, psicólogo de formación, tripulante de cabina de profesión, disfruto de leer, cocinar y hablar largas horas, detesto la falsedad, el abuso y la mierda, soy obsesivo del orden, soy contradictorio e incongruente, sensible y estoico, disfruto de la felicidad y encuentro un potencial estético en la melancolía. Me gusta el olor a cloro al igual que los hombres. No siento atracción por el sexo femenino. Trabajo muy duro y me gustaría hacer un posgrado, pero la situación en mi país de residencia no me lo permite. Soy un reflejo de tí, al igual que tú eres un reflejo de mí. Soy yo mismo e igual que tu, entre otras cosas, soy muchas cosas más. Quiero contar mi historia, quiero darle sentido al dolor que hay en el corazón de muchos que son como yo, quiero darle sentido a mi vida.