Por lo general, cuando se habla de la cama, se habla de cosas muy diversas. La cama puede ser un sitio de descanso, recuperación, convalecencia o recreación. Toda vez que se dice "vamos a la cama", se está haciendo referencia a un acto placentero. En la humilde opinión de un servidor, pocas cosas son tan satisfactorias en la vida como quitarse el uniforme y tirarse en la cama sin importar que esta no sea la de uno. Desafortunadamente en mi profesión, la mayoría de las ocasiones en las que nos quitamos el uniforme para tumbarnos en la cama, lo hacemos para apagar la luz y dormir hasta que nos despierta una llamada telefónica.
Hoy desperté a las 9 de la mañana después de haber dormido sólo 4 horas por causa de un retraso de más de dos horas en el último tramo de Estambul a Atenas y por mi loco afán de dejar toda mi ropa sucia lavada y planchada. Ahora mismo, a las seis y media de la tarde, me encuentro tirado en una cama con la mitad de mi uniforme en un hotel del aeropuerto de Düsseldorf pensando si prefiero recuperar el sueño o hacer uso de la piscina techada.
Dormir y nadar son algunas de las cosas que más disfruto, en especial después de trabajar. Creo sin embargo que en este caso renunciar a nadar tiene una clara desventaja: un par de horas más de sueño no me van a hacer sentir menos cansado mañana. Además, desde que era niño he tenido una extraña predilección por ese olor a cloro que se da en las albercas techadas. No está por demás decir que siempre me he caracterizado por tener gustos poco comunes, de manera que la mayoría de las personas se sorprenden cuando ven que puedo comerme el wasabe a cucharadas, que me enloquecen los pepinillos en vinagre, que me regocijo con las canciones tristes o que me gustan los hombres.
Es quizás esa última la que más comentarios genera. Realmente nunca he entendido por qué la homosexualidad levanta tantas cejas y voltea miradas en todas las sociedades del mundo. Hay demasiada estupidez en el hecho de odiar a alguien porque le gustan las personas de su mismo sexo. He perdido suficiente tiempo tratando de comprender la raíz de este odio y he llegado a creer que todo es producto de una enseñanza de antaño mal fundamentada que ha prevalecido hasta ahora y que por ser antigua nadie se cuestiona. En mi opinión personal la homosexualidad es un gusto más. De la misma manera que existe gente que verdaderamente disfruta una sopa de lentejas, habemos muchos hombres a los que nos gustan los hombres y hay mujeres a las que les gustan las mujeres. Es cuestión de fajarse los pantalones, superar prejuicios y hacerse a la idea que así es la vida. No es por preocupar a los lectores homofóbicos (si es que hubiera uno que me siguiera leyendo), pero en una de esas que hagan enojar a Dios y hasta les sale un hijo homosexual.
Nunca faltará aquel pajero mental complicado que busca sorprender a todos con palabras rimbomantes y teorías retorcidas sobre el origen de la homosexualidad mientras adopta una pose como de analista político de la telebasura, mientras se le escurre la babita de la boca ¡Es más, en una de esas hasta moja los calzones!
La realidad es que sea como sea, habemos homosexuales en el mundo, por lo que destinar recursos a indagar sobre algo tan ambiguo y esquivo me resulta ilógico, en especial si esta investigación esta más o menos encaminada "curar" o "contrarrestar" la homosexualidad y los males que conlleva. Es un hecho que hay una gran lista de males arrastrados por la homosexualidad, pero no es necesario abordar temas como la etapa fálica, el Complejo de Edipo, el día de las madres o la infalibilidad del papa que les enchinan la piel a muchos "intelectuales" para acallar ese dolor. Sólo basta con crear una sociedad incluyente en la que lo diferente; léase preferencia e identidad sexual, etnia o religión; carezca de toda importancia. Con esto no quiero decir que crea que debemos esperar a que la sociedad cambie para poder sanar, sino que debemos también ser más solidarios entre nosotros mismos y no recurrir a la humillación y autodestrucción tan frecuente.
Mi preferencia sexual no me define como persona. No me gustaría ser "Rubén el homosexual", preferiría ser "Rubén con un montón de atributos buenos y malos entre los cuales, por ahí, entre muchas otras cosas neutrales, se encuentra que es gay". Poco más de la mitad de mis compañeros de trabajo son abiertamente homosexuales y creen que vivo en el clóset. Esto no podría ser más falso; nunca he tenido pena o miedo de caminar de la mano de otro hombre en la calle, de presentarlo a mi familia o incluso de tener muestras de afecto en público. No tengo nada que esconder, simplemente no me parece apropiado exponer mi vida sexual en todo momento.
En algún otro momento tendré el placer de contarles sobre el paquete de etiquetas que uno trae puestas por el simple hecho de ser homosexual, por el momento me retiro a nadar antes de que cierren la piscina. Posteriormente pasaré a hacer el uso previamente específicado de mi cama. Por favor permanezcan sentados con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el capitán apague la señal luminosa. Les pedimos tener cuidado al abrir los compartimentos superiores ya que el equipaje de mano se pudo haber movido durante el aterrizaje. Esta línea aérea agradece su preferencia y esperamos verlos nuevamente a bordo de uno de nuestros vuelos.
Hoy desperté a las 9 de la mañana después de haber dormido sólo 4 horas por causa de un retraso de más de dos horas en el último tramo de Estambul a Atenas y por mi loco afán de dejar toda mi ropa sucia lavada y planchada. Ahora mismo, a las seis y media de la tarde, me encuentro tirado en una cama con la mitad de mi uniforme en un hotel del aeropuerto de Düsseldorf pensando si prefiero recuperar el sueño o hacer uso de la piscina techada.
Dormir y nadar son algunas de las cosas que más disfruto, en especial después de trabajar. Creo sin embargo que en este caso renunciar a nadar tiene una clara desventaja: un par de horas más de sueño no me van a hacer sentir menos cansado mañana. Además, desde que era niño he tenido una extraña predilección por ese olor a cloro que se da en las albercas techadas. No está por demás decir que siempre me he caracterizado por tener gustos poco comunes, de manera que la mayoría de las personas se sorprenden cuando ven que puedo comerme el wasabe a cucharadas, que me enloquecen los pepinillos en vinagre, que me regocijo con las canciones tristes o que me gustan los hombres.
Es quizás esa última la que más comentarios genera. Realmente nunca he entendido por qué la homosexualidad levanta tantas cejas y voltea miradas en todas las sociedades del mundo. Hay demasiada estupidez en el hecho de odiar a alguien porque le gustan las personas de su mismo sexo. He perdido suficiente tiempo tratando de comprender la raíz de este odio y he llegado a creer que todo es producto de una enseñanza de antaño mal fundamentada que ha prevalecido hasta ahora y que por ser antigua nadie se cuestiona. En mi opinión personal la homosexualidad es un gusto más. De la misma manera que existe gente que verdaderamente disfruta una sopa de lentejas, habemos muchos hombres a los que nos gustan los hombres y hay mujeres a las que les gustan las mujeres. Es cuestión de fajarse los pantalones, superar prejuicios y hacerse a la idea que así es la vida. No es por preocupar a los lectores homofóbicos (si es que hubiera uno que me siguiera leyendo), pero en una de esas que hagan enojar a Dios y hasta les sale un hijo homosexual.
Nunca faltará aquel pajero mental complicado que busca sorprender a todos con palabras rimbomantes y teorías retorcidas sobre el origen de la homosexualidad mientras adopta una pose como de analista político de la telebasura, mientras se le escurre la babita de la boca ¡Es más, en una de esas hasta moja los calzones!
La realidad es que sea como sea, habemos homosexuales en el mundo, por lo que destinar recursos a indagar sobre algo tan ambiguo y esquivo me resulta ilógico, en especial si esta investigación esta más o menos encaminada "curar" o "contrarrestar" la homosexualidad y los males que conlleva. Es un hecho que hay una gran lista de males arrastrados por la homosexualidad, pero no es necesario abordar temas como la etapa fálica, el Complejo de Edipo, el día de las madres o la infalibilidad del papa que les enchinan la piel a muchos "intelectuales" para acallar ese dolor. Sólo basta con crear una sociedad incluyente en la que lo diferente; léase preferencia e identidad sexual, etnia o religión; carezca de toda importancia. Con esto no quiero decir que crea que debemos esperar a que la sociedad cambie para poder sanar, sino que debemos también ser más solidarios entre nosotros mismos y no recurrir a la humillación y autodestrucción tan frecuente.
Mi preferencia sexual no me define como persona. No me gustaría ser "Rubén el homosexual", preferiría ser "Rubén con un montón de atributos buenos y malos entre los cuales, por ahí, entre muchas otras cosas neutrales, se encuentra que es gay". Poco más de la mitad de mis compañeros de trabajo son abiertamente homosexuales y creen que vivo en el clóset. Esto no podría ser más falso; nunca he tenido pena o miedo de caminar de la mano de otro hombre en la calle, de presentarlo a mi familia o incluso de tener muestras de afecto en público. No tengo nada que esconder, simplemente no me parece apropiado exponer mi vida sexual en todo momento.
En algún otro momento tendré el placer de contarles sobre el paquete de etiquetas que uno trae puestas por el simple hecho de ser homosexual, por el momento me retiro a nadar antes de que cierren la piscina. Posteriormente pasaré a hacer el uso previamente específicado de mi cama. Por favor permanezcan sentados con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el capitán apague la señal luminosa. Les pedimos tener cuidado al abrir los compartimentos superiores ya que el equipaje de mano se pudo haber movido durante el aterrizaje. Esta línea aérea agradece su preferencia y esperamos verlos nuevamente a bordo de uno de nuestros vuelos.