Una amplia gama de opciones y coloridos se desplegó ante mis ojos justo cuando terminé de abrir mi cuenta en una de esos sitios web destinados para las citas. De la enorme selección de sitios web con nombres parecidos a "man-tramp", elegí el que se veía más serio de todos.
Después de llenar un cuestionario de preguntas invasivas que incluía temas como lugar de vivienda, edad, color de ojos, color de piel, estatura, peso, raza, cantidad de vello corporal, complexión, descripción "del pipí", tatuajes, perforaciones, rol sexual, fetiches, preferencias, uso de sustancias, uso de preservativo y hobbies entre algunas otras; tuve la opción de subir una fotografía. Al sentirme incomodado por tanta pregunta, decidí subir mi foto en otra ocasión y me dispuse a explorar aquel sitio tan socorrido por algunos de mis amigos.
La página era como el menú de un bar de testosterona, calentura y sensualidad. Las posibilidades eran infinitas y llenas de folklor. Al igual que en una barra de ensaladas, bastaba con seleccionar los ingredientes que uno apetecía para su platillo, así como las guarniciones. Había algo excitante en el hecho de elegir un hombre de la misma manera en la que uno va a Zara a buscar una camisa roja talla S entallada de la cintura: era la elección de un hombre a la medida. Después de seleccionar algunas opciones, obtuve una lista enorme con perfiles.
Me resultó sumamente divertido ver el catálogo. Por un momento me sentí como el jefe de recursos humanos de una gran empresa leyendo cartas de presentación y CVs. Algunos buscaban marido, mientras que otros muy honestos sólo buscaban sexo. Había quien especificaba que no era cualquier tipo de pareja sexual la que buscaba, sino que lo que quería era un esclavo. Eramos todos productos de venta, mercancía buscando mercancía.
De repente una alarma me indicó la recepción de un mensaje nuevo escrito por el usuario 67muscXXX que decía "What's up, got any pictures?". Como no me dio buena espina el hombrecito que escribía, decidí divertirme respondiendole "I am self-conscious, I don't have a nice body, but I can perform in bed like a beast", a lo que respondió "aww sorry!" y no volvío a contactarme.
No voy a negar que he hecho un par de buenos amigos a partir de estas páginas y que en contadas ocasiones he contactado hombres en mis layovers en Londres y Berlín para apagar algunos fuegos que no podían ser aquietados por la vía manual. Estos catálogos virtuales cumplen una función social de cierta relevancia. Como diría Haruki Murakami en alguna de sus novelas, son "quitanieves emocionales".
Estos inventos que permiten encontrar hombres a la demanda desde la comodidad de nuestros teléfonos móviles son prácticos y bastante creativos. Tengo en el móvil una aplicación que rastrea a todos los hombres dispuestos a tener un rapidín en la cercanía. En alguna ocasión mientras esperaba en el Aeropuerto de Barcelona junto con mis compañeros tripulantes a que llegara el avión que operaríamos de regreso. Caminé por las tiendas de artículos libres de impuestos para ver si después de tantos años de ver pefumes y adaptadores de corriente por casualidad se les había ocurrido introducir alguna novedad como ropa interior (seguramente sería un gran negocio), sin embargo me conformé con recibir un cartón con la última fragancia de no recuerdo quien que olía muy parecdia a otra bien diferente que me habían ofrecido en el aeropuerto de Gatwick. Aburrido, me decidí a comprar acceso al WiFi y para romper la ordinariedad entré a la aplicación antes mencionada.
Parecíamos mayoría en la terminal: varios tripulantes de otras compañías estaban conectados. El primer oficial de mi vuelo, con esposa e hijos, estaba conectado también. Éramos una red de tráfico de calentura encubierta por la invisibilidad de las ondas de telecomunicaciones . Así, en un juego de miradas, palabras mudas y mensajes, resultaba sumamente fácil tener un encuentro casual y carente de significado. Una facilidad tecnológica que sin duda entorpecería nuestro radar innato.
Encontrar una pareja a la medida mediante el uso de la tecnología puede llegar a ser muy divertido si se toman las precauciones necesarias, el problema surge ante "cosificación" a la que voluntariamente nos exponemos constantemente. Nos transformamos en un bien de consumo, en un objeto de catálogo que tiene un número de serie. Es entonces que se nubla la frontera entre lo que nos enciende el boiler y lo que queremos para la vida. Confundimos al cachondo que modela ropa interior con el hombre con el que queremos compartir nuestras vidas. Es así como no sólo construimos un ideal de pareja, sino que construimos un ideal de pareja basado en una creencia que respalda las apariencias y que es pobre en contenido. Sin cuidado y consciencia, una diversión puede convertirse en la edificación de una cultura de soledad.
Cerré la sesión de mi cuenta de "man-tramp" tras encontrar nada divertido. No estaba abrumado, sólo aburrido y buscando en el lugar equivocado ¿Estaría ya viejo para estas cosas?¿Me estaría volvidendo amargado ?¿Serían los horarios de tripulante de cabina los que me estaba orillando a esto? Revisé que mi equipaje esruviera completo, puse mis identificaciones a la vista sobre la mesa de manera que no se me olvidaran temprano por la mañana y saqué un uniforme limpio. Me dispuse a dormir para empezar el día siguiente con un trayecto a Roma y terminar ocho horas después en Corfú.

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